jueves, 5 de enero de 2012

"Prefiero a la puta de tu hermana" o la Esencia del Deporte

El domingo 9 de julio de 2006, como fiel espectador de futbol (no me atrevo a llamarme "fanático”: esa palabra me genera cierto prurito...) me dispuse a presenciar la final de la copa del mundo de Alemania. Como Argentina ya había quedado afuera por los dueños de casa, éste torneo perdió interés para mí, pero viendo casi de reojo los partidos de las semifinales, me interesó la propuesta de ésta final (no voy a mentir, que Alemania y Brasil quedaran afuera, me generó cierto alivio, tranquilidad, alegría...no sabría describirlo...).

Cuando me dispongo a ver algún encuentro que no tiene a mis favoritos en disputa, suelo tomar partido por alguno de los dos para hacer un poco más interesante el match, a la manera de quien va al casino y decide poner las pocas monedas que le quedan en algún numerito de la ruleta, antes que quedarse horas y mirar el paño y decirse por dentro:-¡ah, ese número yo lo había pensado!. Es decir, uno puede solamente ver un encuentro y nada más, sea mucho o poco lo que reciba de él, no va a afectarlo mucho pues se ve allí nada más que como un espectador, alguien que sólo se interesa por lo que ve y ya. Diferente de aquel otro que va y toma partido por alguno de los dos, o decide apostar por algo, pues ése lleva implícita una mayor carga emocional, porque dependiendo del azar, de una decisión, del destino, puede ganar o perder; y con ello vienen la alegría o la tristeza, el goce o el dolor, la satisfacción o la desazón.

Aquel que ve fútbol, aquel que lo aprecia y que lo vive, no creo que haya quedado indiferente antes las dos grandes acciones que se dieron en los 120 minutos de partido (curiosamente también, con los mismos dos jugadores como protagonistas). Materazzi provoca un penal, y el ejecutante es nada más y nada menos que Zidane, uno de los últimos representantes de la belleza, del estilo, de lo hermoso que tiene el fútbol, aquello que lo emparenta más con un arte que con un deporte. Su carrera ya se terminaba, era su último partido y, como un guiño bendito del destino o como si fuera una historia contada por la más digna de las plumas, iba a serlo en la final de un mundial, con millones de espectadores viendo cómo el mismo ponía su rúbrica en una historia futbolística plagada de laureles y loas bien merecidas.

Y no defraudó. Tomó el balón y ejecutó el penal de la forma en que sólo lo hacen los grandes, los más grandes me atrevo a decir. Picar la pelota de la forma que lo hizo tiene más que ver con el Zidane que conocíamos, como sólo un genio puede hacerlo porque si entendemos que se trataba de una final, con un marcador igualados en 0, con casi la mayor presión que un jugador profesional pueda enfrentar alguna vez, podemos entender y también apreciarlo más adelante quizás, que fue una de las maniobras más grandes que alguien puede haber cometido en un partido, como dije anteriormente, una obra de arte simplemente y nada más que eso.

Sin embargo, vaya giro del destino, algo también ocurrió en aquel partido. Zidane y Materazzi, a los agarrones en el área. Discuten y segundos después, la imagen que dejó perplejos a la mayoría de los espectadores, al mundo futbolístico, me atrevo a decir: Zizou le “hunde” el pecho de un cabezazo al rústico de Materazzi.
Las especulaciones sobre lo que motivó la ira de Zidane, fueron muchas y dieron que hablar por mucho tiempo a quienes cubren el mundo futbolístico. Hace algunos años el propio Materazzi rompió el silencio que hasta el mismo Zizou había mantenido al respecto para echar luz sobre lo que finalmente ocurrió: luego de los agarrones, el capitán de les bleus le preguntó si quería su camiseta, que se la daba después del partido. El vivo de Materazzi le respondió: -¡prefiero a la puta de tu hermana!

continuará...

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